martes, 2 de junio de 2009

MOTIVACIÓN EN EL AULA. RETOS DESDE LA DOCENCIA

TANIA PALOMA HERNÁNDEZ RAMÍREZ

Resumen

El presente texto pretende dar un panorama general de los diversos factores que intervienen en la motivación en el aula. Partiendo de quiénes son los estudiantes que logran llegar a la educación superior para después preguntarnos qué es lo que los mueve para continuar en el aula. La respuesta no resulta sencilla, los factores son diversos, sociales, económicos, afectivos, culturales. Sin embargo nos centramos en el aula, en lo que sucede entre los principales actores; los docentes y los estudiantes, en la relación que se da, las expectativas. Para finalmente centrarnos en los retos desde la docencia, es decir cómo deconstruir el clásico papel de la práctica docente y resignificar ésta para generar aprendizajes significativos y estudiantes autónomos.

Movere

La educación superior sigue representando una forma de movilidad social, año con año la demanda para ingresar a la educación superior aumenta superando, por mucho, la capacidad de las instituciones públicas de Educación Superior, muestra de esto es la Universidad Nacional Autónoma de México que, aun cuando aumentó su oferta educativa en un 6.3%, la demanda de aspirantes a ingresar a esta casa de estudios creció un 9.2%, lo cual implicó que 105 mil102 estudiantes quedarán fuera (Avilés, 2003). Trasciende que no sólo la oferta educativa es el único factor que impide continuar los estudios, el ingreso económico también es una limitante tal como lo menciona el Informe Nacional Sobre la Educación Superior en México (2003): “el 45% de los jóvenes del grupo entre los 19 y 23 años, que vive en las zonas urbanas y pertenecen a las familias con ingresos medios o altos recibe educación superior, los que habitan en los sectores urbanos pobres, representan el 11%, y sólo el 3 % de los que viven en las zonas rurales pobres”[i]. Resulta que el poder continuar estudios superiores es un privilegio.

El tener un lugar en educación superior tampoco es garantía de permanencia, por ejemplo, en educación media superior, como reporta el diario Expreso Chiapas, la deserción en el primer año escolar asciende a un 40%, lo cual no es exclusivo de nuestro país, la CEPAL documenta que cerca de 37% de los adolescentes latinoamericanos que tienen entre 15 y 19 años de edad, abandona la escuela a lo largo del ciclo escolar (Valdés, E.; Pérez R.; Rodríguez M. & Celaya I. 2008). Las causas de la deserción escolar también son diversas, económicas, sociales, culturales, entre otras.

Sin embargo, para el tema que nos ocupa, cabe la pregunta ¿qué sucede con los estudiantes que permanecen en las aulas?, aquellos que tienen medianamente las condiciones materiales para continuar con su educación, ¿qué los mueve? ¿el conocimiento? ¿el reconocimiento social? ¿un título? ¿el maestro?.

Si bien a lo largo de la vida escolar los motivos por los que un estudiante asiste a la escuela o aprende son diversos, aunque las más de las veces es por obligación o costumbre, en la educación superior, y quizá desde la media-superior, podemos identificar más fuentes de motivación, es decir, diversos aspectos o factores que mueven a un estudiantes a asistir a clases, a continuar sus estudios, a concluir una carrera.

Existen diversos enfoques acerca de la motivación escolar, desde los que hacen énfasis en el entorno o como consecuencia de una conducta, pasando por los se centran en las necesidades de realización personal auto determinación o autoestima, hasta aquellos que resaltan el papel activo de los estudiantes y la regulación de sus acciones mediado por sus referentes o representaciones. Para los fines del presente texto nos centraremos en la motivación escolar en el aula, la cual pone énfasis en la relación que se da entre los estudiantes y profesores, donde van a estar inmersos diversos aspectos, como los sociales, económicos, afectivos; pero también involucra contenidos, evaluaciones, tareas, organización de las actividades, patrones de interacción, recursos didácticos entre otros (Díaz-Barriga & Hernández, 2002). Todo esto como un motor para la generación de aprendizajes.

En el Aula.

Ser docente en educación superior, supone el trabajo con adultos, es decir, con personas que tiene referentes, costumbres, virtudes, vicios, formas, actitudes, todas estas medianamente definidas. Sus razones, motivaciones y expectativas con las que llegan al aula también son diversas y amplias Los estudiantes de medicina esperan llegar a curar pacientes, los aprendices en comunicación ser locutores o periodistas, los aspirantes a psicólogos a dar terapia, y así. Entonces, lo que encuentren en el aula resulta de suma importancia, y las más de las veces se ven decepcionados, al encontrarse con profesores, y con el mismo sistema educativo, como autoritario y vertical, como un espacio aburrido y sin sentido (Gómez, L. & Jódar, F.,2002).

Cómo estimular la voluntad de aprender si, primero; hay una percepción de que lo que sucede en el aula no tiene relación con su futura profesión (Rodríguez, 2003) ni con lo que sucede en otros cursos. Segundo, aun cuando hay nuevas perspectivas pedagógicas, por lo general el trabajo en el aula es de lo más tradicional, es decir, el profesor es que tiene el conocimiento y los alumnos van a aprender, no se considera la diversidad de estudiantes sus necesidades, expectativas, tampoco hay variedad en las actividades, contenidos ni tareas a realizar. Tercero, en el contexto de nuestro sistema educativo los estudiantes continúan prácticas aprendidas, como evitar la reprobación o una buena nota. Cuarto, por lo general los docentes no cuentan con una formación pedagógica, por lo general son “especialistas” o investigadores que ejercen la docencia como forma de subsistencia[ii].

Es en este contexto que nos encontramos docentes y estudiantes en el aula, ambos con diversas expectativas, los primeros, esperando que los estudiantes aprendan con la “claridad” con la que se presentan los conocimientos, que realicen las actividades con singular alegría y que tomen conciencia de la importancia de éstas. Los segundos, esperan un profesor que maneje y presente los contenidos del curso con habilidad y sentido, que tenga control del grupo, y sobre todo que las evaluaciones sean sencillas. Entonces, los retos para enfrentar estas situaciones no son menores, el trabajo es de largo aliento, pero no imposible.

¿Hacia dónde?

Si bien las propuestas teóricas, didácticas y curriculares sobre el aprendizaje significativo y la motivación escolar no son nuevas y empiezan a ganar terreno, son lo de hoy, aún no logran impactar en el cotidiano de la educación, es decir, podemos leer y tomar talleres de actualización sobre estrategias docentes o de enseñanza, pero llevarlas a la práctica no resulta sencillo.

Si bien los que aprenden son los estudiantes, el aprendizaje como tal es un proceso “social, fruto de la comunicación y la interacción (Rodríguez, 2003, p. 83), entonces la relación en el aula es de suma importancia, ya sea entre pares, con el docente y las condiciones de trabajo resultarán claves, es decir, conocer y reconocer la heterogeneidad de los estudiantes, así como sus expectativas, ser claros en las tareas a realizar y su retroalimentación constantes son fundamentales en el trabajo en el aula, para la permanencia de los estudiantes y para el disfrute del conocimiento.

Si bien el sistema educativo de nuestro país no facilita ni fortalece la práctica docente, si consideramos que es limitado el apoyo en cuanto a formación de profesores, o bien, son nimios los espacios de reflexión pedagógica y qué decir de los bajos salarios, las condiciones de infraestructura, entre otros tantos, lo que sucede en el aula, en el día a día con los estudiantes, considero, es el principal reto, y no es menor. Es decir, lo que sucede en un salón de clase, la relación que se construye con los estudiantes puede marcar la diferencia en el proceso de aprendizaje. Primero, deconstruyendo el papel clásico del docente como dador de conocimiento para reasumirse como mediador, guía, facilitador y también como aprendiz. Segundo, reconocer la diversidad de los estudiantes, para lo cual no basta con observar y suponer cuáles son sus expectativas, es necesario también asumirse como pares. Tercero, estar atentos a todo lo que sucede en esa pequeña colectividad que es el aula, no sólo retroalimentar las actividades y tareas, sino estar dispuestos a rectificar.

Finalmente, podemos recurrir a diversos teóricos, programas, experiencias, talleres sobre motivación desde las perspectivas más innovadoras, pero si no logramos significarlos y realizarlo en el proceso de aprendizaje desde el aula, dejará de tener sentido. Asimismo, más que lograr una eficiencia terminal o evaluaciones cuantitativas sobresalientes como evaluación a la práctica docente, es más significativo generar estudiantes autónomos capaces de asumirse como los principales responsables de su propio aprendizaje.

FUENTES CONSULTADAS

Avilés, K. (2009, marzo 30). La UNAM aumentó 6.3% el número de lugares, pero la demanda creció en 9.2%. La Jornada. Recuperado 31 de mayo de 2009 de http://www.jornada.unam.mx/2009/03/30/index.php?section=sociedad&article=044n1soc

ANUIES. Estadísticas de la Educación Superior, 1999. Personal docente de los niveles técnico superior, licenciatura y posgardo. Recuperado 27 de mayo de 2009 de http://www.anuies.mx/servicios/e_educacion/index2.php

Díaz-Barriga & Hernández R. (2002). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. México: Mc Graw Hill

Expreso Chiapas (2009, 4 de abril). Lo atribuye a deserción escolar… Redacción. Recuperado 24 de mayo de 2009 de http://www.expresochiapas.com/noticias/component/content/article/35-0-portada/4535-lo-atribuye-a-desercion-escolar.html

Gómez, L. & Jódar, F.(2002, otoño). Escuela, aburrimiento y rebeldía. Athenea Digital, num 2, pp. 18-29, Recuperado 23 de abril de 2009 de: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/html/537/53700202/53700202.html

Lumsden, L. (2006). Motivación de los estudiantes para aprender. Galatea 3: De la motivación al síndrome del fracaso, UACM, pp. 21-27

Míguez, M (2006, 11 de noviembre). ¿Motivar en la universidad? Motivación y rendimiento académico. Recuperado 23 de mayo de 2009 de http://www.wikilearning.com/articulo/motivacion_y_compresion-motivar_en_la_universidad_motivacion_y_rendimiento_academico/19380-3

Rodríguez, R.M. (2003). “Reaprender a enseñar: una experiencia de formación para la mejora continua de la docencia universitaria”, Dialnet, 47, 79-94 Recuperado 29 de abril de 2009 de http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=818906

SEP, SESIC, IESALC & UNESCO (Octubre, 2003). Informe Nacional Sobre la Educación Superior en México. Recuperado 27 de mayo de 2009 de http://www.anuies.mx/e_proyectos/pdf/01_Informe_Nacional_sobre_la_Educacion_Superior_en_Mexico.pdf

Valdés, E.; Pérez R.; Rodríguez M. & Celaya I. (2008). ¿Deserción o autoexclusión? Una análisis de las causas de abandono escolar en estudiantes de educación media superior en Sonora, México. Revista electrónica de Investigación Educativa, Vol. 10 Num. 1. Recuperado 9 de mayo de 2008 de: http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-abril.html#Resumen



[ii] Una muestra, en 1999, se reportan un total de 155 634 docentes de licenciatura en todo el país, de los cuales sólo 44 504 trabajan de tiempo completos, 11 451 de medio tiempo y el resto por horas (ANUIES, 1999), nunca están de más unas horas de clase para llegar a fin de mes.

martes, 19 de mayo de 2009

La partida de un yoruba

Ya entrada la tarde del domingo, mientras preparaba clases para la semana, llegó la notica que Benedetti había muerto. Fue inevitable el nudo en la garganta, el vacío en el estómago, el corazón apachurrado..
¿Cómo? si Mario Benedetti es de los muertos que nunca mueren, pero el vacío seguía. Así que llamé a algunas contemporaneas para compartir mi consternación. A lo largo de la tarde recordé cómo sus poemas, cuentos, escritos me han acompañado a lo largo de mis 30 años de vida. Sí, como cuentos para dormir, poemas en épocas de enamoramiento y desamor...
Pero también se volvieron un referente académico. Ya sea en el bachillerato o en la universidad. Fueron sus cuentos los priemros en acercarme a la prosa, a identificar géneros literarios. Pero lo más satisfactorio es que fue una bella manera en que profesoras de "Lectura y redacción" nos acercaban a la lectura. Sí, la lectura es un goce para mí, y si no fuese por Benedetti, Galeano, Cortazar o García Máquez, quizá no sería una práctica cotidiana.
Asimismo, reflexionando sobre mi práctica docente, también he recurrido a textos de ese yoruba, como tema generador, me ha sido de lo más útil. Por ejemplo, para hacer preguntas o definiciones siempre recurro a fragmentos de "Primavera con una esquina rota"; o cuando empezamos temas como "estrategias de aprendizaje" simpre inicio con su poema de "táctica y estrategia",; y así...
Comparto esto, no sólo como homenaje a ese grande uruguayo, sino también porque me encontré que para que el aprendizaje sea significativo es importante partir de lo que nos genera sentido, quizá por eso no sólo la lectura es un goce, sino también la docencia y los temas educativos..
Hasta siempre Don Mario

martes, 3 de febrero de 2009

Sociedad y Tecnología. El uso de la tecnología en el aula. Una reflexión desde la docencia

Lo que pretende el presente texto es hacer una reflexión, desde la práctica docente, de cómo son utilizados o sub-utilizados recursos tecnológicos en el aula, tanto por los estudiantes como por el docente; lo anterior contextualizado en nuestro país, México.

México en cifras.

Si bien es cierto que en el mundo, incluido nuestro país, el acceso y uso de diversas tecnologías como la televisión, radio, internet, telefonía fija y móvil, computadoras, ha aumentado y es parte de nuestro cotidiano; resulta interesante dar un repaso a las estadísticas de cuántos hogares en nuestro país tienen acceso a éstos.

Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), (INEGI, 2007) en México, el 73% de los hogares cuenta con teléfono, sea fijo o móvil; más del 90% cuenta con televisión. En contraste, en casa, sólo el 22% cuenta con computadora y el 17% tiene acceso a internet. Sin embargo un 22% de la población utiliza internet y casi la mitad de éstos recurre a internet por temas educativos.

Así las cosas, en nuestro país el acceso a dichas tecnologías es limitado, en el caso de internet y computadoras, mientras que la televisión y la telefonía están presentes en los hogares de manera importante. Asimismo cabe una estadística más: de los encuestados por el INEGI, la mitad refiere que si no tiene computadora o internet es por falta de recursos.

La sociedad.

Por el contrario al hablar de sociedad o sociedades no podemos limitarnos a estadísticas o números. Las sociedades nos movemos con personas, afectos, sensaciones, olores, lenguajes; y sí, también con televisores, computadoras, internet, universidades, museos, autos, cuentos de hadas. Porque, como argumenta Fernández Chritlieb (2004), “Se puede decir o bien que uno piensa con la sociedad en la que vive, o bien que la sociedad nos usa para pensar.” (p.13)

Entonces, para los fines del presente ensayo[1], partimos de que nuestra sociedad es una sociedad permeada por la tecnología, en el cotidiano, ya sea como forma de comunicación, de acceso a lo novedoso y moderno, sea en la cocina, en la sala, auto, trabajo o escuela.

Sin embargo la presencia de dicha tecnología, las menos de las veces, es vista como vehículo de la cultura o educación, como plantea Frei Betto (2008), en el caso de la televisión, cuando dice “la regla general no son los programas de densidad cultural sino el mero entretenimiento: distrae, divierte y, sobre todo, abre la caja de Pandora de nuestros deseos inconfesables. La imagen dice lo que no nos atrevemos a pronunciar.”

Finalmente, podemos decir que la mayoría de los estudiantes en el país, en sus diversos niveles educativos, saben que existe la tecnología, o algunas; el teléfono, la televisión, las computadoras, el internet, entre otros. Quizá no todos tienen acceso o la saben manejar, pero ahí están. Pero cabe la pregunta: ¿cómo la relacionan con su quehacer académico? ¿con su formación en las instituciones educativas?

Educación y aula

A la educación, la formal, en nuestro país, como plantea Martínez (2001), “se le ha designado socialmente la función de transmitir y generar los conocimientos” y es vista, aún, como una posibilidad de movilidad social y económica. Entonces uno va a la escuela para aprender y ser alguien en la vida.

Es así que las instituciones educativas se encargan no sólo de transmitir conocimientos y formar futuros profesionistas; sino también de formar a sus profesores, aunque sea sólo con buenas intenciones, o malas, según se miren algunas reformas educativas.

Pero ¿qué sucede en el cotidiano de dichas instituciones?, en las aulas en concreto, donde estudiantes y docentes se encuentran cara a cara, con o sin infraestructura, didáctica o luz. Pero siempre con un sinfín de conocimientos previos, referentes ideológicos, sociales y culturales. Todo lo anterior atravesado también por esos avances tecnológicos de los que hemos venido hablando.

Resulta entonces, que la mayoría de las veces son los estudiantes los que tienen más conocimientos de dichas tecnologías que los docentes.

Y aún cuando pareciera insuficiente en el aula el solo uso del pizarrón y, en el mejor de los casos, algunos textos, el uso de otro tipo de recursos más “modernos” también resultan insuficientes o inoperantes. Puesto que existe una mínima o nula relación entre los diversos recursos a los que podemos acceder y utilizar en el aula como puede ser una televisión, DVD, computadora, internet, software, entre otras, y la educación.

Si se logra tener en el aula este tipo de herramientas, resultan inoperantes pues como plantea Papert (1995) los métodos de enseñanza no han variado sustancialmente en las últimas décadas.

Y no sólo los métodos o estrategias de enseñanza, también las estrategias de aprendizaje permanecen. Por lo que nos encontramos que aún cuando los estudiantes tienen acceso, por ejemplo, a internet o bibliotecas virtuales, resultan sub utilizadas, en el mejor de los casos, las imágenes son las más aprovechadas. Pero si en otro momento los estudiantes al elaborar textos copiaban páginas completas, o transcribían la información sin interpretarla, ahora nos enfrentamos con el plagio de textos encontrados en red.

Entonces nos encontramos en una sociedad donde los avances tecnológicos están presentes en el día a día, pero vistos sólo como una posibilidad de facilitar la vida cotidiana, de entrar en un mundo globalizado o estar en lo último de la modernidad; donde el uso de éstas implica poner en práctica un sinfín de conocimientos y habilidades de pensamiento. Pero todo esto lejos o con una mínima relación con procesos de enseñanza-aprendizaje.

A modo de conclusión.

Finalmente, no podemos negar que las nuevas tecnologías y la educación tienen una importante relación. Además existen importantes instituciones y expertos desarrollando y fortaleciendo diversas tecnologías educativas desde hace ya varios años. Sin embargo en el imaginario social, pareciera que tecnología y educación son cosas independientes.

Entonces el reto es mayor, por un lado en la práctica docente cotidiana es necesario, primero, apropiarse de las herramientas y tecnologías con las que se cuenta dentro y fuera del aula, como una forma más de generar aprendizajes significativos. Segundo, no separar el uso de los avances tecnológicos con los procesos de enseñanza-aprendizaje, es decir, que el recurrir a películas, búsquedas en red o la simple redacción de un texto en computadora no sean una actividad fuera de dicho proceso.

Por último, también es necesario que la educación sea una prioridad del Estado, lo cual se refleje en sus diversas instituciones, lo cual es aún más complicado, y creo que uno de los problemas más grandes, pues la tecnología lejos de ser impulsada con un fin educativo o cultural resulta ser un impulso económico, que si bien acorta distancias y nos permite hasta ver y escuchar lenguas, colores, ciudades, imágenes al otro lado del mundo, tristemente, como platea Eduardo Galeano, “La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia tenga que trabajar cien mil años para ganar lo que gana, en un año, un ejecutivo de Nike en Estados Unidos, y que un obrero de la IBM en Filipinas fabrique computadoras que él no puede comprar. “. Esa es la prioridad de la tecnología para los que detentan el poder en el mundo, en detrimento no sólo de la educación, la cultura y el conocimiento, sino también de las personas.

Referencias

Betto, F. (2008, Septiembre 11). Neoliberalismo y cultura. Extraído 26 de enero de 2009 de: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=34775

Fernández, P. (2004). La sociedad mental. México: Antrhopos

INEGI (2007). Estadísticas sobre disponibilidad y uso de tecnología de información y comunicación en hogares 2007. Extraído el 20 de enero de 2009 en: http://www.inegi.gob.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/encuestas/especiales/endutih/ENDUTIH2007.pdf

Martínez, S. (2001, agosto). Impacto de la informática en la educación. Extraído 25 de enero de 2009 de: http://ciberhabitat.com.mx/universidad/ui/eadei/textos/texto_eadei.htm

Papert, S. (1995). La máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores. Barcelona: Paidós. Extraído 25 de enero de 2009 en: http://cecte.ilce.edu.mx/campus/mod/resource/view.php?id=9378



[1] Concibiendo un ensayo como “una perquisición sobre algún objeto de la realidad, cualquiera, desde los datos inmediatos en la conciencia hasta los tacones de los zapatos de la mujer, en el que se invierten hechos, investigaciones, estadísticas, etimologías, recortes de periódicos, experimentos, historias, frases oídas al pasar, introspecciones y lo demás que haga falta, para procesarlos con los recursos del lenguaje y presentar dicho objeto de una manera que no sólo es correcta sino más novedosa, atrayente, y profunda que el objeto inicial, con lo cual, el ensayo le confiere al objeto de estudio una cualidad que no tenía y que puede consistir en la manera de decirlo.” (Fernández, 2004:101)