Lo que pretende el presente texto es hacer una reflexión, desde la práctica docente, de cómo son utilizados o sub-utilizados recursos tecnológicos en el aula, tanto por los estudiantes como por el docente; lo anterior contextualizado en nuestro país, México.
México en cifras.
Si bien es cierto que en el mundo, incluido nuestro país, el acceso y uso de diversas tecnologías como la televisión, radio, internet, telefonía fija y móvil, computadoras, ha aumentado y es parte de nuestro cotidiano; resulta interesante dar un repaso a las estadísticas de cuántos hogares en nuestro país tienen acceso a éstos.
Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), (INEGI, 2007) en México, el 73% de los hogares cuenta con teléfono, sea fijo o móvil; más del 90% cuenta con televisión. En contraste, en casa, sólo el 22% cuenta con computadora y el 17% tiene acceso a internet. Sin embargo un 22% de la población utiliza internet y casi la mitad de éstos recurre a internet por temas educativos.
Así las cosas, en nuestro país el acceso a dichas tecnologías es limitado, en el caso de internet y computadoras, mientras que la televisión y la telefonía están presentes en los hogares de manera importante. Asimismo cabe una estadística más: de los encuestados por el INEGI, la mitad refiere que si no tiene computadora o internet es por falta de recursos.
Por el contrario al hablar de sociedad o sociedades no podemos limitarnos a estadísticas o números. Las sociedades nos movemos con personas, afectos, sensaciones, olores, lenguajes; y sí, también con televisores, computadoras, internet, universidades, museos, autos, cuentos de hadas. Porque, como argumenta Fernández Chritlieb (2004), “Se puede decir o bien que uno piensa con la sociedad en la que vive, o bien que la sociedad nos usa para pensar.” (p.13)
Entonces, para los fines del presente ensayo[1], partimos de que nuestra sociedad es una sociedad permeada por la tecnología, en el cotidiano, ya sea como forma de comunicación, de acceso a lo novedoso y moderno, sea en la cocina, en la sala, auto, trabajo o escuela.
Sin embargo la presencia de dicha tecnología, las menos de las veces, es vista como vehículo de la cultura o educación, como plantea Frei Betto (2008), en el caso de la televisión, cuando dice “la regla general no son los programas de densidad cultural sino el mero entretenimiento: distrae, divierte y, sobre todo, abre la caja de Pandora de nuestros deseos inconfesables. La imagen dice lo que no nos atrevemos a pronunciar.”
Finalmente, podemos decir que la mayoría de los estudiantes en el país, en sus diversos niveles educativos, saben que existe la tecnología, o algunas; el teléfono, la televisión, las computadoras, el internet, entre otros. Quizá no todos tienen acceso o la saben manejar, pero ahí están. Pero cabe la pregunta: ¿cómo la relacionan con su quehacer académico? ¿con su formación en las instituciones educativas?
Educación y aula
A la educación, la formal, en nuestro país, como plantea Martínez (2001), “se le ha designado socialmente la función de transmitir y generar los conocimientos” y es vista, aún, como una posibilidad de movilidad social y económica. Entonces uno va a la escuela para aprender y ser alguien en la vida.
Es así que las instituciones educativas se encargan no sólo de transmitir conocimientos y formar futuros profesionistas; sino también de formar a sus profesores, aunque sea sólo con buenas intenciones, o malas, según se miren algunas reformas educativas.
Pero ¿qué sucede en el cotidiano de dichas instituciones?, en las aulas en concreto, donde estudiantes y docentes se encuentran cara a cara, con o sin infraestructura, didáctica o luz. Pero siempre con un sinfín de conocimientos previos, referentes ideológicos, sociales y culturales. Todo lo anterior atravesado también por esos avances tecnológicos de los que hemos venido hablando.
Resulta entonces, que la mayoría de las veces son los estudiantes los que tienen más conocimientos de dichas tecnologías que los docentes.
Y aún cuando pareciera insuficiente en el aula el solo uso del pizarrón y, en el mejor de los casos, algunos textos, el uso de otro tipo de recursos más “modernos” también resultan insuficientes o inoperantes. Puesto que existe una mínima o nula relación entre los diversos recursos a los que podemos acceder y utilizar en el aula como puede ser una televisión, DVD, computadora, internet, software, entre otras, y la educación.
Si se logra tener en el aula este tipo de herramientas, resultan inoperantes pues como plantea Papert (1995) los métodos de enseñanza no han variado sustancialmente en las últimas décadas.
Y no sólo los métodos o estrategias de enseñanza, también las estrategias de aprendizaje permanecen. Por lo que nos encontramos que aún cuando los estudiantes tienen acceso, por ejemplo, a internet o bibliotecas virtuales, resultan sub utilizadas, en el mejor de los casos, las imágenes son las más aprovechadas. Pero si en otro momento los estudiantes al elaborar textos copiaban páginas completas, o transcribían la información sin interpretarla, ahora nos enfrentamos con el plagio de textos encontrados en red.
Entonces nos encontramos en una sociedad donde los avances tecnológicos están presentes en el día a día, pero vistos sólo como una posibilidad de facilitar la vida cotidiana, de entrar en un mundo globalizado o estar en lo último de la modernidad; donde el uso de éstas implica poner en práctica un sinfín de conocimientos y habilidades de pensamiento. Pero todo esto lejos o con una mínima relación con procesos de enseñanza-aprendizaje.
A modo de conclusión.
Finalmente, no podemos negar que las nuevas tecnologías y la educación tienen una importante relación. Además existen importantes instituciones y expertos desarrollando y fortaleciendo diversas tecnologías educativas desde hace ya varios años. Sin embargo en el imaginario social, pareciera que tecnología y educación son cosas independientes.
Entonces el reto es mayor, por un lado en la práctica docente cotidiana es necesario, primero, apropiarse de las herramientas y tecnologías con las que se cuenta dentro y fuera del aula, como una forma más de generar aprendizajes significativos. Segundo, no separar el uso de los avances tecnológicos con los procesos de enseñanza-aprendizaje, es decir, que el recurrir a películas, búsquedas en red o la simple redacción de un texto en computadora no sean una actividad fuera de dicho proceso.
Por último, también es necesario que la educación sea una prioridad del Estado, lo cual se refleje en sus diversas instituciones, lo cual es aún más complicado, y creo que uno de los problemas más grandes, pues la tecnología lejos de ser impulsada con un fin educativo o cultural resulta ser un impulso económico, que si bien acorta distancias y nos permite hasta ver y escuchar lenguas, colores, ciudades, imágenes al otro lado del mundo, tristemente, como platea Eduardo Galeano, “La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia tenga que trabajar cien mil años para ganar lo que gana, en un año, un ejecutivo de Nike en Estados Unidos, y que un obrero de la IBM en Filipinas fabrique computadoras que él no puede comprar. “. Esa es la prioridad de la tecnología para los que detentan el poder en el mundo, en detrimento no sólo de la educación, la cultura y el conocimiento, sino también de las personas.
Referencias
Betto, F. (2008, Septiembre 11). Neoliberalismo y cultura. Extraído 26 de enero de 2009 de: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=34775
Fernández, P. (2004). La sociedad mental. México: Antrhopos
INEGI (2007). Estadísticas sobre disponibilidad y uso de tecnología de información y comunicación en hogares 2007. Extraído el 20 de enero de 2009 en: http://www.inegi.gob.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/encuestas/especiales/endutih/ENDUTIH2007.pdf
Martínez, S. (2001, agosto). Impacto de la informática en la educación. Extraído 25 de enero de 2009 de: http://ciberhabitat.com.mx/universidad/ui/eadei/textos/texto_eadei.htm
Papert, S. (1995). La máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores. Barcelona: Paidós. Extraído 25 de enero de 2009 en: http://cecte.ilce.edu.mx/campus/mod/resource/view.php?id=9378
[1] Concibiendo un ensayo como “una perquisición sobre algún objeto de la realidad, cualquiera, desde los datos inmediatos en la conciencia hasta los tacones de los zapatos de la mujer, en el que se invierten hechos, investigaciones, estadísticas, etimologías, recortes de periódicos, experimentos, historias, frases oídas al pasar, introspecciones y lo demás que haga falta, para procesarlos con los recursos del lenguaje y presentar dicho objeto de una manera que no sólo es correcta sino más novedosa, atrayente, y profunda que el objeto inicial, con lo cual, el ensayo le confiere al objeto de estudio una cualidad que no tenía y que puede consistir en la manera de decirlo.” (Fernández, 2004:101)
