TANIA PALOMA HERNÁNDEZ RAMÍREZ
Resumen
El presente texto pretende dar un panorama general de los diversos factores que intervienen en la motivación en el aula. Partiendo de quiénes son los estudiantes que logran llegar a la educación superior para después preguntarnos qué es lo que los mueve para continuar en el aula. La respuesta no resulta sencilla, los factores son diversos, sociales, económicos, afectivos, culturales. Sin embargo nos centramos en el aula, en lo que sucede entre los principales actores; los docentes y los estudiantes, en la relación que se da, las expectativas. Para finalmente centrarnos en los retos desde la docencia, es decir cómo deconstruir el clásico papel de la práctica docente y resignificar ésta para generar aprendizajes significativos y estudiantes autónomos.
Movere
La educación superior sigue representando una forma de movilidad social, año con año la demanda para ingresar a la educación superior aumenta superando, por mucho, la capacidad de las instituciones públicas de Educación Superior, muestra de esto es la Universidad Nacional Autónoma de México que, aun cuando aumentó su oferta educativa en un 6.3%, la demanda de aspirantes a ingresar a esta casa de estudios creció un 9.2%, lo cual implicó que 105 mil102 estudiantes quedarán fuera (Avilés, 2003). Trasciende que no sólo la oferta educativa es el único factor que impide continuar los estudios, el ingreso económico también es una limitante tal como lo menciona el Informe Nacional Sobre la Educación Superior en México (2003): “el 45% de los jóvenes del grupo entre los 19 y 23 años, que vive en las zonas urbanas y pertenecen a las familias con ingresos medios o altos recibe educación superior, los que habitan en los sectores urbanos pobres, representan el 11%, y sólo el 3 % de los que viven en las zonas rurales pobres”[i]. Resulta que el poder continuar estudios superiores es un privilegio.
El tener un lugar en educación superior tampoco es garantía de permanencia, por ejemplo, en educación media superior, como reporta el diario Expreso Chiapas, la deserción en el primer año escolar asciende a un 40%, lo cual no es exclusivo de nuestro país, la CEPAL documenta que cerca de 37% de los adolescentes latinoamericanos que tienen entre 15 y 19 años de edad, abandona la escuela a lo largo del ciclo escolar (Valdés, E.; Pérez R.; Rodríguez M. & Celaya I. 2008). Las causas de la deserción escolar también son diversas, económicas, sociales, culturales, entre otras.
Sin embargo, para el tema que nos ocupa, cabe la pregunta ¿qué sucede con los estudiantes que permanecen en las aulas?, aquellos que tienen medianamente las condiciones materiales para continuar con su educación, ¿qué los mueve? ¿el conocimiento? ¿el reconocimiento social? ¿un título? ¿el maestro?.
Si bien a lo largo de la vida escolar los motivos por los que un estudiante asiste a la escuela o aprende son diversos, aunque las más de las veces es por obligación o costumbre, en la educación superior, y quizá desde la media-superior, podemos identificar más fuentes de motivación, es decir, diversos aspectos o factores que mueven a un estudiantes a asistir a clases, a continuar sus estudios, a concluir una carrera.
Existen diversos enfoques acerca de la motivación escolar, desde los que hacen énfasis en el entorno o como consecuencia de una conducta, pasando por los se centran en las necesidades de realización personal auto determinación o autoestima, hasta aquellos que resaltan el papel activo de los estudiantes y la regulación de sus acciones mediado por sus referentes o representaciones. Para los fines del presente texto nos centraremos en la motivación escolar en el aula, la cual pone énfasis en la relación que se da entre los estudiantes y profesores, donde van a estar inmersos diversos aspectos, como los sociales, económicos, afectivos; pero también involucra contenidos, evaluaciones, tareas, organización de las actividades, patrones de interacción, recursos didácticos entre otros (Díaz-Barriga & Hernández, 2002). Todo esto como un motor para la generación de aprendizajes.
En el Aula.
Ser docente en educación superior, supone el trabajo con adultos, es decir, con personas que tiene referentes, costumbres, virtudes, vicios, formas, actitudes, todas estas medianamente definidas. Sus razones, motivaciones y expectativas con las que llegan al aula también son diversas y amplias Los estudiantes de medicina esperan llegar a curar pacientes, los aprendices en comunicación ser locutores o periodistas, los aspirantes a psicólogos a dar terapia, y así. Entonces, lo que encuentren en el aula resulta de suma importancia, y las más de las veces se ven decepcionados, al encontrarse con profesores, y con el mismo sistema educativo, como autoritario y vertical, como un espacio aburrido y sin sentido (Gómez, L. & Jódar, F.,2002).
Cómo estimular la voluntad de aprender si, primero; hay una percepción de que lo que sucede en el aula no tiene relación con su futura profesión (Rodríguez, 2003) ni con lo que sucede en otros cursos. Segundo, aun cuando hay nuevas perspectivas pedagógicas, por lo general el trabajo en el aula es de lo más tradicional, es decir, el profesor es que tiene el conocimiento y los alumnos van a aprender, no se considera la diversidad de estudiantes sus necesidades, expectativas, tampoco hay variedad en las actividades, contenidos ni tareas a realizar. Tercero, en el contexto de nuestro sistema educativo los estudiantes continúan prácticas aprendidas, como evitar la reprobación o una buena nota. Cuarto, por lo general los docentes no cuentan con una formación pedagógica, por lo general son “especialistas” o investigadores que ejercen la docencia como forma de subsistencia[ii].
Es en este contexto que nos encontramos docentes y estudiantes en el aula, ambos con diversas expectativas, los primeros, esperando que los estudiantes aprendan con la “claridad” con la que se presentan los conocimientos, que realicen las actividades con singular alegría y que tomen conciencia de la importancia de éstas. Los segundos, esperan un profesor que maneje y presente los contenidos del curso con habilidad y sentido, que tenga control del grupo, y sobre todo que las evaluaciones sean sencillas. Entonces, los retos para enfrentar estas situaciones no son menores, el trabajo es de largo aliento, pero no imposible.
¿Hacia dónde?
Si bien las propuestas teóricas, didácticas y curriculares sobre el aprendizaje significativo y la motivación escolar no son nuevas y empiezan a ganar terreno, son lo de hoy, aún no logran impactar en el cotidiano de la educación, es decir, podemos leer y tomar talleres de actualización sobre estrategias docentes o de enseñanza, pero llevarlas a la práctica no resulta sencillo.
Si bien los que aprenden son los estudiantes, el aprendizaje como tal es un proceso “social, fruto de la comunicación y la interacción (Rodríguez, 2003, p. 83), entonces la relación en el aula es de suma importancia, ya sea entre pares, con el docente y las condiciones de trabajo resultarán claves, es decir, conocer y reconocer la heterogeneidad de los estudiantes, así como sus expectativas, ser claros en las tareas a realizar y su retroalimentación constantes son fundamentales en el trabajo en el aula, para la permanencia de los estudiantes y para el disfrute del conocimiento.
Si bien el sistema educativo de nuestro país no facilita ni fortalece la práctica docente, si consideramos que es limitado el apoyo en cuanto a formación de profesores, o bien, son nimios los espacios de reflexión pedagógica y qué decir de los bajos salarios, las condiciones de infraestructura, entre otros tantos, lo que sucede en el aula, en el día a día con los estudiantes, considero, es el principal reto, y no es menor. Es decir, lo que sucede en un salón de clase, la relación que se construye con los estudiantes puede marcar la diferencia en el proceso de aprendizaje. Primero, deconstruyendo el papel clásico del docente como dador de conocimiento para reasumirse como mediador, guía, facilitador y también como aprendiz. Segundo, reconocer la diversidad de los estudiantes, para lo cual no basta con observar y suponer cuáles son sus expectativas, es necesario también asumirse como pares. Tercero, estar atentos a todo lo que sucede en esa pequeña colectividad que es el aula, no sólo retroalimentar las actividades y tareas, sino estar dispuestos a rectificar.
Finalmente, podemos recurrir a diversos teóricos, programas, experiencias, talleres sobre motivación desde las perspectivas más innovadoras, pero si no logramos significarlos y realizarlo en el proceso de aprendizaje desde el aula, dejará de tener sentido. Asimismo, más que lograr una eficiencia terminal o evaluaciones cuantitativas sobresalientes como evaluación a la práctica docente, es más significativo generar estudiantes autónomos capaces de asumirse como los principales responsables de su propio aprendizaje.
FUENTES CONSULTADAS
Avilés, K. (2009, marzo 30). La UNAM aumentó 6.3% el número de lugares, pero la demanda creció en 9.2%. La Jornada. Recuperado 31 de mayo de 2009 de http://www.jornada.unam.mx/2009/03/30/index.php?section=sociedad&article=044n1soc
ANUIES. Estadísticas de la Educación Superior, 1999. Personal docente de los niveles técnico superior, licenciatura y posgardo. Recuperado 27 de mayo de 2009 de http://www.anuies.mx/servicios/e_educacion/index2.php
Díaz-Barriga & Hernández R. (2002). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. México: Mc Graw Hill
Expreso Chiapas (2009, 4 de abril). Lo atribuye a deserción escolar… Redacción. Recuperado 24 de mayo de 2009 de http://www.expresochiapas.com/noticias/component/content/article/35-0-portada/4535-lo-atribuye-a-desercion-escolar.html
Gómez, L. & Jódar, F.(2002, otoño). Escuela, aburrimiento y rebeldía. Athenea Digital, num 2, pp. 18-29, Recuperado 23 de abril de 2009 de: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/html/537/53700202/53700202.html
Lumsden, L. (2006). Motivación de los estudiantes para aprender. Galatea 3: De la motivación al síndrome del fracaso, UACM, pp. 21-27
Míguez, M (2006, 11 de noviembre). ¿Motivar en la universidad? Motivación y rendimiento académico. Recuperado 23 de mayo de 2009 de http://www.wikilearning.com/articulo/motivacion_y_compresion-motivar_en_la_universidad_motivacion_y_rendimiento_academico/19380-3
Rodríguez, R.M. (2003). “Reaprender a enseñar: una experiencia de formación para la mejora continua de la docencia universitaria”, Dialnet, 47, 79-94 Recuperado 29 de abril de 2009 de http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=818906
SEP, SESIC, IESALC & UNESCO (Octubre, 2003). Informe Nacional Sobre la Educación Superior en México. Recuperado 27 de mayo de 2009 de http://www.anuies.mx/e_proyectos/pdf/01_Informe_Nacional_sobre_la_Educacion_Superior_en_Mexico.pdf
Valdés, E.; Pérez R.; Rodríguez M. & Celaya I. (2008). ¿Deserción o autoexclusión? Una análisis de las causas de abandono escolar en estudiantes de educación media superior en Sonora, México. Revista electrónica de Investigación Educativa, Vol. 10 Num. 1. Recuperado 9 de mayo de 2008 de: http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-abril.html#Resumen
[i] http://www.anuies.mx/e_proyectos/pdf/01_Informe_Nacional_sobre_la_Educacion_Superior_en_Mexico.pdf
[ii] Una muestra, en 1999, se reportan un total de 155 634 docentes de licenciatura en todo el país, de los cuales sólo 44 504 trabajan de tiempo completos, 11 451 de medio tiempo y el resto por horas (ANUIES, 1999), nunca están de más unas horas de clase para llegar a fin de mes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario